El poder del bolsillo

el-poder-del-bolsillo_0 Leonardo Becchetti, profesor de economía de la Universidad de Roma
La crisis económica de 2008 demostró que el sistema económico está sujeto a la intervención de instituciones públicas cuando los oligopolios perjudican su funcionamiento. En este marco se suele hablar de un sistema “a dos manos”, una donde el sector privado puede ser absolutamente egoísta, mientras se exige a los organismos públicos, (que serían la otra mano), a que sean  generosos cuando las cosas no funcionan bien.
Leonardo Becchetti propone añadir dos nuevas “manos” al sistema. Por un lado el papel de las organizaciones socialmente responsables con muchos actores integrados  y por el otro la ciudadanía activa que no solo vota en las elecciones, sino que también lo hace eligiendo a quién o a qué destina su dinero. Es lo que Becchetti denomina “votar con el bolsillo”.
La idea de que la ciudadanía vote con su bolsillo es fundamental como papel colectivo. Esta práctica permite que la ciudadanía influya en sus sociedades a través de sus decisiones cotidianas. Cuando la gente elige invertir en organizaciones socialmente responsables, está premiando esa práctica y anima a otras empresas a adoptarlas. Este plan no es una utopía, puesto que permite a las personas consumidoras escoger y recompensar las mejores prácticas corporativas existentes.
La experiencia demuestra que la responsabilidad social corporativa basada en el voto con el bolsillo puede ser contagiosa, como sucede con el movimiento del comercio justo.
De hecho, los ciudadanos que ejercen su poder sobre las multinacionales a veces pueden ser más efectivos que la acción gubernamental. Por ejemplo, si un país aprueba un impuesto para reducir los costes sociales de la contaminación, las grandes multinacionales pueden marcharse a otro país que aplique un impuesto menor, precipitándose en una carrera hacia abajo.
La ciudadanía que vota con su bolsillo puede disminuir el coste de la contaminación por parte de las multinacionales contaminantes con su elección de compra y pueden ser más eficaces en la lucha anticontaminación que la acción gubernamental.
De la misma manera, la ciudadanía organizada puede influir en el comportamiento de las multinacionales en términos de derechos laborales, evasión fiscal, salarios de los ejecutivos, etc.
El principal problema con la ciudadanía que vota con su bolsillo es mantener la cooperación, dado que las personas tienden a consumir al mínimo precio sin tener en cuenta la responsabilidad social. Un individuo que vote con su bolsillo no tendrá efecto alguno si actúa en solitario. Para que sea efectiva, la acción tiene que ser colectiva.
Algunas soluciones a este problema pueden ser que redes como movimientos sociales, sindicatos u organizaciones de distinto tipo movilicen a sus simpatizantes hacia el voto con el bolsillo o crear grandes fondos de inversión comprometidos en invertir solo en empresas socialmente responsables. Asimismo, el gobierno también podría gravar productos convencionales con el fin de subvencionar productos socialmente responsables.
Fuente: fiarebancaetica.coop